Roma, primera entrega

Bueno, tenía prometido contaros algo más sobre mi viaje a Roma, así que aquí comienza el relato que irá por etapas…

Día 1

El primer día llegamos a una hora prudente a Roma lo que nos permitió salir a conocer un poco la zona cercana al hotel situado en Via Nazionale. Eso sí después de haber disfrutado de unas magníficas vistas de Roma desde el avión. Consejo: si volais con destino al aeropuerto de Ciampino las ventanillas del lado derecho son el mejor lugar para poder ver Roma, eso si volais desde el norte de España, el avión recorrerá Roma de norte a sur y podréis ver todos los grandes monumentos desde el cielo, Estadio Olímpico de Roma será lo primero que veais, seguido del Vaticano, el Castillo de Sant Angelo el río Tiber (fiume Tévere) y sus puentes para continuar viendo el Panteón, los Foros y el Palatino, el Coliseo, el monumento a Victor Manuel II y el Circo Máximo del que no tendréis mejores vistas para haceros una idea de su grandiosidad (hasta 300.000 espectadores) puesto que a nivel de suelo parece simplemente un descampado.

Una vez llegados a Ciampino procedimos a comprar la Roma Pass, una tarjeta de transporte y para tener descuentos en museos que cuesta 20 € y que realmente os recomiendo. Es válida durante 3 días. Los dos primeros museos que visiteis serán gratuitos (procurar que sean los más caros) y en muchos otros tendréis descuentos de hasta el 50%, consultar la lista en la página web. Muy importante no es válido para el Vaticano.

Después de un trayecto en autobús de unos 30 minutos estábamos en la estación de trenes de Termini, eso sí ya habíamos pasado por las murallas aurelianas de la antigua Roma y justo al lado de la estación se puede ver un pequeño tramo de la primera muralla de la ciudad. En frente de Termini se pueden ver también los restos de las antiguas termas de Diocleciano conservadas hasta la actualidad al ser convertidas en iglesia cristiana.

Durante el trayecto al hotel, cercano a Termini en Via Nazionale uno ya se da cuenta de que Roma es una caja de sorpresas en cualquier rincón encuentras restos de la antigua Roma, mezcladas entre palacios del siglo XV, del siglo XVIII, casas actuales, fuentes…

Visita rápida al hotel descarga de maletas, cámara en mano y de excursión, ya eran las 4 de la tarde y en Diciembre en Roma a las 5 de la tarde ya es noche cerrada. Mapa en mano por si las moscas salimos hacia los Foros para ver la magnífica columna de Adriano. Continuamos por el monumento a Victor Manuel II, tambien conocido como “el pastel” o el “vittoriano”, Plaza Venecia pasando por Largo Argentina (lugar donde asesinaron a Julio César a la salida del Senado en el Idus de Marzo del año 44 a.c.) para continuar por unos callejones hasta llegar al imponente Panteón, conservado también hasta la actualidad al convertirse en iglesia cristiana y para mi sin duda el mejor ejemplo de arquitectura romana. Desde ahí a Plaza Navona que conserva la forma del antiguo Circo de Diomiciano del siglo I a.c. visita  a una iglesia y vuelta a pasar por delante del Panteón para llegar a una de las joyas de Roma, la Fontana de Trevi que surge de la nada entre pequeños callejones pero de la que uno escucha el murmullo del agua si presta atención unos cientos de metros antes de llegar. Después de comer un típico helado contemplando durante largo rato la Fontana que realmente te hipnotiza repusimos fuerzas con unas pizzas al peso cerca de la Fontana para ir a descansar al hotel. La próxima jornada era realmente dura…

Día 2

Este día estaba reservado por entero al Vaticano y sus Museos. Para este día no ibamos a utilizar la Roma Pass puesto que no servía para los museos vaticanos, así que a por el metro en Plaza de la República 1 € y destino al Vaticano. Para llegar en metro teneís que coger la línea roja y bajaros en Ottaviano. Desde allí caminando en unos 10 min. llegáis al Vaticano. Lo primero los museos, que están al otro lado del “país” casi en el lado opuesto a la plaza del Vaticano. Medidas de seguridad, zonas de control de equipaje, y a por la entrada, 14 €. Ya estabámos dentro para contemplar una de las mayores colecciones de arte del mundo.

Desde que uno entra no sabe que mirar, te vuelves loco, uno no sabe si es mejor el continente o el contenido. Miras el edificio, sus salones, sus techos pintados, y todo lleno de esculturas, pinturas, tapices y sobre todo de gente…

Aquí podréis ver al Laoconte devorando a sus hijos, famosa escultura griega encontrada en la Domus Aurea de Nerón.

Magníficos sarcófagos de muy diversas épocas…

Y como no, la magnífica colección Etrusca con sus impresionantes cerámicas y joyas…

Poco a poco ireis encontrando más y más gente lo que os indicará que estais acercandoos a las estancia de Rafael y a la Capilla Sixtina, aunque os queda aún una larga caminata pasando por increibles pasillos y salas llenas de obras de arte.

Luego las estancias de Rafael, con sus conocidísimas obras.

Después de pasar por las estancias de Rafael la ruta pasa a través de la torre más antigua del Vaticano, que incluye las estancias ampliadas por el famoso Papa Borgia. Una vez llegados a este punto, sólo queda ascender por una escalera para llegar a la Capilla Sixtina, donde no está permitido hacer fotos ni hablar. Uno se da cuenta cuando que ha llegado, no sólo por la espectacularidad de los frescos en el techo, si no también por la cantidad de gente agolpada en ella. Todo el mundo intenta sentarse en unos bancos laterales que hay en la Capilla, que evidemente están a rebosar, y el resto, se queda de pié donde buenamente tiene espacio para contemplar la obra de Miguel Angel.

Tras pasar la Capilla Sixtina continúas pasando por numerosos pasillos, eso sí menos espectaculares que los anteriores hasta volver a la zona de entrada, donde hicimos una pequeña parada para coger fuerzas comiendo naturalmente unos trozos de pizza vaticana.

Una vez retomadas las fuerzas, proseguimos nuestra ruta, que esta vez nos llevaría hasta la plaza del Vaticano y la Basílica de San Pedro.

La Plaza del Vaticano obra de Bernini, autor también del Baldaquino de la Basílica de San Pedro, es realmente espectacular, mucho más grande de lo que uno se imagina.

Después de pasar los pertinentes controles de seguridad decidimos ascender hasta la cúpula de la Basílica, eso sí con el ticket con ascensor (7 € por persona), que en realidad sólo te sube hasta el techo, quedando todo el camino hasta la cúpula proyectada por Miguel Angel. Ni se os ocurra coger el ticket sin ascensor que cuesta 5 € por persona, realmente compensa pagar esos 2 € de diferencia, puesto que te ahorras unos 200 escalones.

Esta es la vista desde el techo, antes del repecho final…

Una vez entras en la base de la cúpula puedes ver la parte interior de la Basílica que es realmente impresionante. Desde arriba ves a la gente visitandola como si fueran hormigas. No recomendado para la gente con vértigo, a pesar de que todo el perímetro se encuentra cerrado con una verja, el pasillo no es muy ancho que se diga.

Desde aquí quedan “tan sólo” aproximadamente unos 320 escalones para llegar al destino. En su mayor parte escaleras de caracol, cada vez más estrechas y con algunos tramos con ambas paredes inclinidas ya que vas subiendo entre la cúpula interior y la exterior, siendo bastante estrecho y no apto para gente con claustrofobia. Tras sudar la gota gorda y bajar el kilo que habiamos ganado durante la comida con las pizzas, por fin alcanzamos nuestro destino. Lo cierto es que una vez llegas arriba y contemplas las vistas de Roma merece la pena el esfuerzo.

Desde las alturas uno puede contemplar la plaza del Vaticano en todo su esplendor, con el Castillo de Sant Angelo al final, el río Tiber, el Panteón, el momumento a Victor Manuel II, el Coliseo… Desde aquí se tiene también una vista perfecta de la parte exterior de la Capilla Sixtina (en la foto) y del conjunto de las salas por las que uno pasea durante la vista a los museos Vaticanos.

Una vez sacadas las pertinentes fotos y retomado el aliento quedaba la bajada, que es igual que la subida, sólo que por el lado opuesto. Una vez llegas al techo de la Basílica uno se encuentra con unos baños, cafetería y tienda de recuerdos para los valientes que ascendieron a la cúpula, que la verdad, me llamó bastante la atención.

Ahora ya nos quedaba sólo visitar el interior de la Basílica. El tamaño es descomunal, creo, si no me equivoco, que se trata de la iglesia católica de mayores dimensiones del mundo. Uno se siente realmente pequeño cuando está en su interior. Nada más entrar uno se encuentra con otra obra de Miguel Angel, omnipresente en el Vaticano, en este caso la Piedad.

Lamentablemente no nos dió tiempo a visitar el “Tesoro del Vaticano” ni las “Grutas Vaticanas” que estaban cerradas al público ese día. Sin darnos cuenta, ya se había hecho de noche y era hora de cerrar la Basílica. Así que no nos quedó más remedio que emprender el regreso hasta el hotel, pero en esta ocasión decidimos no volver en metro y regresar andando para hacer una parada por el camino y cenar. Aproximadamente serían unos 6 km andando.

Primera parada, una vista desde el puente al Castillo de Sant Angelo.

Desde aquí y cruzando el puente sobre el Tíber, que por cierto estaba a punto de desbordarse por la crecida a consecuencia de las lluvias de esa semana, llegamos a la zona de Plaza Navona, donde ibamos buscando una pizzería que nos habían recomendado.

Por fin tras caminar unos minutos por calles estrechas llegamos a nuestro ansiado destino, en la via del Governo Vecchio, estaba la pizzería “da Baffetto” famosa en Roma por sus pizzas. Al más puro estilo de película de mafiosos con “il capo” sentado en su mesa dando instrucciones a los clientes de donde sentarse y con el pizzero hablando igual que Marlon Brando en “El Padrino”, disfrutamos de dos fantásticas pizzas, 2 coca-colas y un auténtico tiramisú por un total de 23 €. La pizzería llena de gente, y no sólo de turistas.

Una vez retomadas las fuerzas contiuamos, pasando por Plaza Navona y por el Panteón, con parada por el camino para tomar un helado, hacia la Fontana de Trevi, que fué visita obligada diaria durante nuestra estancia en Roma. Como siempre llena de gente…

Desde aquí al hotel, un paseo de unos 10 min, para descansar y prepararnos para el próximo día, que os contaré en la próxima entrega.

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