Las interrupciones telefónicas

Una persona de mi entorno laboral se quejaba un día amargamente de las contínuas interrupciones que sufría durante  la jornada laboral. Aquel era un día como tantos otros, pero la diferencia era que en aquella ocasión debía realizar un trabajo que requería toda su atención, era un tema delicado y no podía permitirse el lujo de cometer errores, así que explotó con un “así no hay quien pueda hacer nada”.

Y lo cierto es que tenía toda la razón, así era imposible hacer nada de una forma correcta. Pero, ¿quién era el responsable de esas contínuas interrupciones? pues en este caso él era el culpable  y nadie más. No era sólo una cuestión de ese día, es su forma de trabajar habitualmente, sólo que en aquella ocasión la distracción y las interrupciones eran más palpables de lo habitual debido al trabajo que tenía que desarrollar.

Se trata de un caso claro de mal uso de las tecnologías en nuestra gestión personal. Habitualmente esta persona estando presente en la oficina tiene abiertas varias vías de comunicación. No me refiero al email, que afortunadamente para él mira pocas veces al día, si no a la vía telefónica.

Estando en la oficina tiene abiertas tres vías de comunicación telefónica, el teléfono fijo de la empresa que atienden otras personas, el móvil de la empresa y por último y no menos importante el Skype. En un trabajo en el que habitualmente recibe y tiene que atender numerosas llamadas tener abiertas estas tres vías de comunicación es un auténtico suicidio productivo, especialmente cuando estas realizando una tarea que requiere precisión absoluta. Lo que a priori parece favorecer la comunicación se puede convertir rápidamente en algo que puede lastrar nuestro trabajo hasta hacerlo impracticable.

La solución para un caso así es muy sencilla, hay que saber utilizar cada cosa en su momento, no por tener menos vías de comunicación es más difiícil ser accesible, sólo hay que saber utilizarlas de la manera correcta. Me pregunto por qué estando en su puesto de trabajo en la oficina es necesario tener operativo el móvil de la empresa, cuando pueden localizarte llamándote al fijo, y lo mismo podría decir del Skype.

Si es necesaria concentración para realizar tu trabajo lo más sencillo sería desconectar el móvil, si alguien tiene que hablar contigo urgentemente lo intentará llamando al teléfono de la empresa y preguntando por ti. Lo mismo se aplica a la utilización del Skype. Teniendo sólo el fijo como vía de comunicación telefómica en la oficina y máxime cuando no lo atiendes tú, puedes filtrar las llamadas pidiendo a los encargados de contestar el teléfono de que no se te moleste hasta que termines esa tarea clave que tienes entre manos, tan sólo hay que dejar aviso de que tomen nota de las llamadas y de que digan que en este momento no puedes atender la llamada. En muchas ocasiones la llamada puede ser resuelta por otro compañero y si no fuera el caso por lo general no son llamadas tan urgentes que no puedan demorarse una hora en ser atendidas.

De otro modo esto genera tan sólo estrés al sentirse obligado a contestar las llamadas telefónicas, sobre todo cuando son al móvil que parecen mucho más “personales”, y tener que dejar de  lado esa tarea importante que tienes que hacer urgentemente la cual tienes que retomar una y otra vez revisando todo lo que tenías hecho hasta el momento antes de la llamada. Los niveles de estrés suben más y más con cada interrupción hasta que uno, como sucedió en ese caso, explota maldiciendo el “maldito teléfono”.

La tecnología está para usarla como una herramienta para gestionar nuestra productividad, no para que nos convirtamos en sus esclavos, atendiendo contíuamente sus peticiones y dejando nuestras tareas a medias.

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