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Roma segunda entrega

febrero 2, 2009

Continuando mi aventura en Roma por capítulos…

Día 3

Después de una primera aproximación a Roma el primer día y un segundo día dedicado al Vaticano el tercer día estaba planificado con una agenda bastante apretada.

En primer lugar visitaríamos Santa María la Mayor, una de las antiguas basílicas cristianas (aprox. 430 d.c.) y que conserva gran parte de su planta original. Los primeros templos cristianos adoptaron una solución arquitectónica pública romana, la basílica, que años antes habían construido repetidamente en los Foros. De esta forma conseguían dotar de un continuismo con Roma a los nuevos edificios cristianos, logrando de este modo una mayor aceptación por parte de la población. Planta clásica de 3 naves, una central más alta y dos laterales más bajas, nada novedoso, pero adaptado al nuevo culto religioso. A destacar en esta iglesia el techo bañado en oro procedente de américa y los mosáicos en la nave central y ábside.

Desde aquí y tras un pequeño paseo de unos 10 minutos la próxima parada era la basílica de San Pietro in Vincoli, mucho menos espectacular que Santa María la Mayor en su arquitectura, pero con una de las grandes joyas en su interior, la estatua de Moises de Miguel Angel, parte de un grupo escultórico de la tumba del Papa Julio II, aunque nunca llegó a ver terminada la obra. También se encuentran en su interior las supuestas cadenas que Herodes utilizó para encadenar a San Pedro, motivo por el que se hizo esta basílica.

Desde aquí ya estabamos a un paso de los Foros Imperiales, el Coliseo y el Foro. De los Foros Imperiales poco queda en pié, de lo que fue una de las zonas más grandiosas de la antigua Roma. Los foros de César, Augusto, Nerva y el último construido por Trajano que sería la última construcción pública en los Foros de la antigua Roma.

Una vez vistos los Foros Imperiales que se ven desde la calle, nos dirigimos al imponente Coliseo, llamado así por el Coloso (35 m de altura) erigido por Nerón de su persona, aunque su nombre original es Anfiteatro Flavio. El Coliseo se levanta sobre la Domus Aurea de Nerón, ultimo emperador de los Julios, destruida por Vespasiano primer emperador de los Flavios y que fue terminado por Tito que lo inaugura con unas ceremonias y espectáculos que duran 100 días. El Coliseo se levanta exactamente sobre la zona en la que Nerón había mandado construir un lago artificial que fue rellenado para servir de base al nuevo edificio, pero su Coloso se mantuvo en pié aunque su rostro fué sustituido por el de un dios romano y con el paso del tiempo acabaría identificando al propio edificio, el Coliseo.

Aquí comenzaríamos a utilizar la Roma Pass que permite entrar en los dos primeros museos de forma gratuita y evitarse la cola pasándo directamente por el torno con la tarjeta. Lo mismo haríamos posteriormente para entrar en el Palatino y el Foro.

El edificio a pesar de servir de cantera durante muchos siglos mantiene parte de su esplendor aunque hay que hacer un pequeño esfuerzo por imaginarse como debía de ser este edificio con capacidad hasta 70.000 espectadores. Sorprende saber que los que iban al foro recibían una entrada en piedra donde aparecía indicado como llegar a su asiento. Los asientos cercanos a la arena estaban reservados para la altas sociedad romana y la parte más alta que era de madera reservado para el pueblo llano. Sobrecoge ver el edificio e imaginarselo llenode gente gritando en pleno espectáculo.

Desde aquí pasamos por el último arco conmemorativo romano, el Arco de Constantino que tiene muchas partes reutilizadas de otros monumentos anteriores.

Finalmente desde el Arco de Constantino nos dirigimos al Palatino, una de las 7 colinas que fundaron la antigua Roma y según las excavaciones arqueológicas la habitada desde más tiempo. Se supone que en esta zona se encuentra la antigua cabaña de Rómulo, fundador de Roma. Zona exclusiva de la alta sociedad romana, especialmente de los emperadores que uno tras otro construyen aquí sus “domus”, exceptuando Nerón, y que dará lugar en el futuro a la palabra palacio (Palatino) para referirse a los edificios de reyes y emperadores. Otra herencia más de la antigua Roma. El Palatino exige un verdadero acto de fé, puesto que gran parte de las habitaciones imperiales se encuentran  por debajo de la zona por donde uno camina y se ven pocos restos de edificios, cuesta un poco imaginarse como debería de ser en aquella época con habitaciones llenas de estatuas, estucos, frescos… Es un espacio enorme para recorrer, y desde el Palatino se puede contemplar el Circo Maximo, lástima que no se haya conservado, y el antiguo Foro que sería nuestra próxima parada.

Ya era la hora de comer, y con lo pronto que oscurece en esta época en Roma íbamos contrareloj, así que optamos por comer algo mientras caminábamos para cumplir con la agenda prevista.

Comenzamos la visita a los Foros desde el arco de Tito, junto al Coliseo, para ir avanzando por la vía Sacra, antiguo camino que fúe recorrido por las legiones victoriosas por el Foro hasta llegar al templo de Saturno donde eran depositados los tesoros capturados durante las campañas militares. La impresionante Basílica de Majencio, la casa y el templo de las Vestales, el templo dedicado por Augusto a Julio César en el mismo lugar donde fue incinerado tras su asesinato, la basílica Julia, el templo de Castor y Polux, el magnífico arco de Septimio Severo, los restos del Tabularium base para el actual Ayuntamiento de Roma son algunos de los edificios que se pueden ver en el Foro, pero debajo del Foro también se encuentran secretos ocultos como la Cloaca Máxima que fué básica para desecar esta zona pantanosa o la antigua prisión de Roma donde permanecieron retenidos ilustres convictos como Vercingetorix o el propio San Pedro.

Desde el foro se sube al Campidoglio, donde esta el actual Ayuntamiento de Roma, justo sobre la colina Capitolina, la más sagrada de las colinas romanas, donde se levantaba un templo y donde acaban las comitivas de las legiones victoriosas. El Ayuntamiento se asienta sobre los restos del Tabularium, edificio del Foro que albergaba todos los documentos oficiales.

Ya sólo nos quedaba una última visita en un día realmente agotador, el Mercado de Trajano, lo que podríamos llamar el “primer centro comercial” de la Historia. En su interior calles y pequeños comercios aglutinaban gran parte de las transacciones comerciales de la antigua Roma. Una maravilla arquitectónica digna de ver con más tiempo del que lamentablemente carecíamos.

Desde aquí vuelta al hotel y a dormir, había sido un día muy intenso y una jornada realmente agotadora, así que por un día decidimos no pasar por la Fontana de Trevi y coger fuerzas para la siguiente jornada que sería ya algo más relajada.