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Un buen objetivo: la base para lograr el éxito.

julio 20, 2009

¿Cuantas veces hemos intentado hacer algo y hemos fracasado en el intento? seguramente nos ha sucedido en muchas ocasiones.

Estos fracasos pueden ser consecuencia de un mal inicio, es decir, de una mala elección de los objetivos, o mejor dicho de una mala definición de los objetivos a cumplir.

¿Qué requisitos deben cumplir para que sean “buenos” objetivos? veamos algunas pistas:

  • Específicos: tener claro que es lo que queremos lograr.
  • Medibles: debemos ser capaces de cuantificarlos para hacer un seguimiento.
  • Alcanzables: no deben de ser fáciles, pero sí posibles de realizar. No podemos pretender hablar perfecto el chino mandarín en 2 h de estudio… pero sí quizá defendernos en unos meses.
  • Relevantes: deben ser cosas que te importen, de este modo será más fácil lograrlo.
  • Temporales: deben tener una fecha fin, no pueden prolongarse en el tiempo indefinidamente. Si no tenemos una meta clara en el tiempo caeremos en la trampa de postergarlo indefinidamente al no tener un “plazo” claro para cumplirlo. Nuestra “amiga” la procrastinación aparecerá para ayudarnos a demorar las cosas “sine díe”.

Veamos algunos ejemplos de objetivos:

Aumentar las ventas  MAL

Aumentar las ventas un 2% durante el tercer trimestre BIEN

Hacer ejercicio MAL

Salir a correr Lunes y Miercoles 1 h durante el próximo año BIEN

Un buen objetivo puede ser por tanto la clave para lograr el éxito, aunque no lo garantice, pero comenzar con un mal objetivo definido de forma pobre e incompleto nos asegura prácticamente el fracaso.

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Procrastinacion

febrero 4, 2009

Hoy voy a tratar el tema de la procrastinación, uno de nuestros mayores enemigos a la hora de gestionar nuestro tiempo. Pero, ¿qué es la procratinación? según la Wikipedia : “La procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) es la acción de postergar actividades o situaciones que uno debe atender, por otras situaciones más irrelevantes y agradables.”

Es algo en lo que todos caemos alguna vez, y que en caso de que se suceda de forma crónica puede ser incluso síntoma de algún tipo de desorden psicológico que debería de ser tratado. Pero no vayamos a situaciones tan extremas.

Por norma general procrastinamos cuando dejamos de hacer cosas que son importantes para dedicar nuestro tiempo a cosas más agradables y por supuesto más inútiles. Esto lo hacemos por que percibimos las tareas importantes como algo desagradable de hacer por uno u otro motivo, a veces por que nos resulta aburrida, o estresante, o abrumadora e incluso en algunos casos por que tenemos miedo a fracasar al hacerla. No tiene por que ser así la realidad, pero al menos nosotros la percibimos de este modo y por este motivo postergamos la realización de esta tarea.

En realidad la procrastinación nos puede llevar incluso a tener un sentimiento de culpa por esas “horas perdidas” sin hacer lo que realmente importa. Cuantas veces nos habremos dicho, “si no hubiera perdido el tiempo haciendo … ahora no estaría tan apurado”. La procrastinación por tanto favorece la aparición del estres al ir acumulando siempre las tareas para el último momento lo que puede influir claramente en nuestro rendimiento.

Afortunadamente hay formas para intentar evitar la procrastinación. En primer lugar hay que pensar que las tareas a realizar están ahí por elección propia y no por imposición, es decir si las hago es por que yo quiero y no por que nadie me obligue a ello. De esta forma veremos la tarea de forma más “amigable”.

Ya había comentado que el miedo al fracaso puede ser causa de la procrastinación. Lo mismo ocurre con el perfeccionismo, en ocasiones si intuimos que nuestro trabajo no será perfecto directamente dejamos de hacerlo. Para evitarlo deberemos empezar a hacer las tareas poco a poco, aunque no sean perfectas en un principio siempre pueden llegar mejorar al final, pero es importante empezar a “dar forma” a las cosas y siempre será mejor tener algo hecho aunque no sea perfecto, que no tener nada.

Dividir las tareas en pequeños pasos también ayuda a evitar la procrastinación. Si tendemos a ver un proyecto completo este nos puede parecer demasiado trabajo y abrumarnos por lo que tenderemos a evitar hacerlo. Sin embargo si lo subdividimos en pequeñas tareas más llevaderas lo iremos haciendo poco a poco sin darnos cuenta hasta que lo terminemos.

Tendemos a procrastinar cuando las tareas nos parecen aburridas frente a otras más divertidas. Para evitar esto tendremos que buscar también un “hueco” para hacer esas cosas que nos divierten, hacer deporte, leer un libro, ver la tv, nuestra serie favorita… Hay que buscar un equilibrio y definiendo esos ratos de ocio tendremos una pequeña “recompensa” cuando hayamos terminado nuestras tareas y además nos sentiremos bien al tener el “deber cumplido”.

En realidad cualquier truco que se nos ocurra para ver las tareas pendientes de hacer de forma más atractiva nos ayudará a empezar con ellas y terminarlas en vez de postegarlas indefinidamente hasta que no quede más remedio que hacerlas con el consecuente estres, o bien simplemente no las hagamos nunca.

En ocasiones la procrastinación puede resultar positiva, hay gente que necesitar ir aplazando las cosas hasta el último segundo y notar esa presión para rendir al máximo en ese “sprint final”. Aunque no podemos aplicar ese “positivismo” a todas las situaciones y deberemos evitar procrastinar en la medida de lo posible.